El Real Madrid en mayo: “el mes favorito del rey de Europa”

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Con permiso de Maius, la madre de Mercurio, y Rómulo -creador del calendario romano-, mayo, permítanme la hipérbole, debería cambiar su nombre por “Real Madrid”. Y es que los blancos son los dueños y señores del quinto mes del año. Peldaño a peldaño, el 13 veces campeón de la Orejona ha ido subiendo hasta llegar a una cima difícilmente inalcanzable en el Olimpo europeo, que aspira a convertirse en más alto aún.

La historia la escribe el Real Madrid en mayo y parte de junio, puesto que en estos días asistimos a los aniversarios de sus Copas de Europa y Champions League. Para los nostálgicos y los más jóvenes hacemos un repaso de qué ocurrió esos días del siglo XX y XXI.

La Primera: Real Madrid-Stade de Reims (4-3; 13/6/1956). El inicio de un reinado

Curiosamente, la primera Copa de Europa del Real Madrid es la última en cumplir años. Un 13 de junio de 1956 alrededor de 40.000 espectadores disfrutaron en el Parc des Princes de París del inicio de la historia de los blancos en la competición continental, y vivieron un partido vibrante. Los de -entonces- José Villalonga salían al campo con Alonso, Atienza, Marquitos, Lesmes, Muñoz, Zárraga, Joseíto, Marsal, Di Stéfano, Rial y Gento. Enfrente, el Stade de Reims de Raymond Kopa, que meses después ficharía por el Real Madrid.

En ese encuentro, los reyes de Europa también comenzaron a darse a conocer como “el único equipo del mundo capaz de remontar un partido que parecía perdido”, un estilo por el que hoy es reconocido. El Madrid tuvo dar la vuelta a 0-2 tras solo diez minutos y reaccionar a un nuevo gol galo al inicio de la segunda parte (2-3). Marquitos y Héctor Rial voltearon el marcador (4-3) en el tramo final del partido

Era el inicio de las cinco Copas de Europa consecutivas.

La Segunda: Real Madrid-Fiorentina (2-0; 30/5/1957). Kopa se une al ‘Madrid de Di Stéfano’

El Real Madrid llegaba al Santiago Bernabéu defendiendo el título de campeón de Europa -lo haría durante los próximos tres años- después de haber eliminado al Rapid de Viena (en tres partidos, puesto que no existían ni las prórrogas ni los penaltis), al Niza y al Manchester United de Bobby Charlton, al que todos daban como favorito ese año.

El Real Madrid, con un once idéntico al del partido de la Primera, a excepción de la incorporación de Raymond Kopa, revalidaría su título ante la Fiorentina en un Santiago Bernabéu repleto (125.000 aficionados). La férrea defensa de los italianos complicó mucho el partido. En el tramo final, Di Stéfano, de penalti (el portero se adelantó, por lo menos, cuatro metros), y Gento materializaron la superioridad de los madridistas. El trono europeo seguía siendo blanco.

Alfredo Di Stéfano fue el máximo goleador de la competición con 7 tantos y comenzaba a ampliar su distancia con otros jugadores. Ese año ganaría el balón de oro.

La Tercera: Real Madrid-Milan (3-2; 28/5/1958). El año del desastre de Múnich

Tras dos años consecutivos ganando la Copa de Europa con Villalonga en el banquillo, el Real Madrid acudía a la final de 1958 con Luis Carniglia como entrenador. Por el camino dejaron al Royal Antwerp belga, al Sevilla y al Vasas húngaro. Contra este último, los jugadores del Real Madrid fueron testigos en Budapest de uno de los avances tecnológicos aplicados al fútbol. El ‘Nep Stadion’ húngaro contaba con uno de los primeros marcadores electrónicos del mundo.

En la final del Estadio Heysel a los blancos les tocó remontar de nuevo. El Milan no se lo puso nada fácil para levantar la Tercera. En el minuto 78, con 1-1 en el marcador, Grillo adelantó al equipo de Viani. No obstante, por suerte para el Madrid, Rial empató en el 79 y Gento consiguió la victoria en la prórroga. Di Stéfano anotaría en esa edición de la Copa de Europa 10 goles.

Ese año la competición quedaría marcada por una enorme tragedia: el desastre aéreo de Múnich, en el que murieron 23 componentes del Manchester United. Bobby Charlton fue uno de los futbolistas que sobrevivió.

La Cuarta: Real Madrid-Stade de Reims (2-0; 3/6/1959). El lío con Puskas

En la temporada 1958/1959 llegó al Real Madrid un tal Puskas. Un húngaro de 31 años que había “desertado” de su país tras no regresar a él en el marco de la invasión de Budapest por parte de los tanques soviéticos. En 1956, el Honved estaba en Bilbao para jugar un partido de la Copa de Europa. Viendo la situación en Hungría, Puskas decidió quedarse en tierras españolas.

De esta manera, estuvo un año y medio sin jugar hasta que le fichó el Real Madrid por petición del propio Bernabéu. Pesaba 10 kilos de más. Cuando se decidió la operación, Antonio Calderón, el gerente, se lo comunicó a Carniglia, contrario a su fichaje : “Don Santiago me encarga que le diga que hemos fichado a Puskas”. “¿Ah, sí? ¿Y qué hacemos con su barriga?“, contestó él. “La barriga se la quita usted, ese es su trabajo“, le dijo Calderón.

Puskas acabó siendo, junto a Di Stéfano, el mejor jugador del Real Madrid esa temporada. Eso sí, Carniglia no se lo llevó a la final de la Copa de Europa del 3 de junio en Stuttgart alegando que podría no ser bien visto en Alemania (Bernabéu despediría a Carniglia un mes después por este incidente).

La final, frente al Stade de Reims, fue cómoda para el Real Madrid. Ni rastro de la sed de venganza de los franceses por la final perdida tres años años. Mateos abrió el marcador a los dos minutos y en el 49 Di Stéfano vio puerta por cuarta final consecutiva. Ese año ganó su segundo Balón de Oro.

La Quinta: Real Madrid-Eintracht Frankfurt (7-3; 18/5/1960). Un baño para despedir a una generación

Tremendo. No existe mayor goleada en una final de Copa de Europa. Puskás y Di Stéfano arrollaron al Eintracht con 4 y 3 goles respectivamente, a pesar de que fueron los alemanes quienes comenzaron marcando. Un Hampden Park (Glasgow) abarrotado -127.000 aficionados- fue testigo de una auténtica exhibición de fútbol. Miguel Muñoz, entonces entrenador del Real Madrid, se convirtió en la primera persona en ganar una Copa de Europa como jugador y como técnico.

Una final en la que se pitó a favor del Madrid uno de los penaltis más surrealistas de la historia. Sencillamente inexplicable. Es mejor verlo.

Aquella edición de la Copa de Europa sería la primera en la que se enfrentarían Real Madrid y Barça. En semifinales, los blancos superaron a los azulgranas con contundencia (3-1 y 1-3).

La Quinta marcó el final de lo que fue una hazaña irrepetible: cinco Copas de Europa consecutivas. No la volverían a ganar hasta 1966.

La Sexta: Real Madrid-Partizán de Belgrado (2-1; 11/5/1966). Histórico Gento

Seis años tuvieron que pasar para que el Real Madrid conquistase una nueva Copa de Europa. En el camino dejaron escapar dos finales. Una frente al Benfica de Eusébio (5-3 a favor de los portugueses); y la otra frente al Inter (3-1). Lo cierto es que resulta raro ver al Real Madrid perder el último partido en el camino hacia un título. Pero así fue.

El 11 de mayo de 1966 los de Miguel Muñoz llegaban a una nueva final con un equipo en el que tan solo quedaba Gento de aquel Madrid de las cinco Copas de Europa. Aparecieron nuevas figuras también importantes en el madridismo, como Amancio, Pirri, Zoco o Velázquez. El conocido como ‘Madrid de los Yé-yé‘.

Al conjunto de Chamartín le tocó de nuevo remontar el partido. El Partizán de Belgrado se adelantó en el marcador en la segunda mitad. No obstante, los goles de Amancio y Serena dejaron la Sexta en las vitrinas del Santiago Bernabéu. Tras aquella final, Paco Gento se convirtió en el único jugador en la historia en contar con seis Copas de Europa, récord que todavía mantiene.

Una de las peculiaridades de aquella final es algo que sería tremendamente difícil de ver hoy: el Real Madrid alineó a once españoles (Araquistain, Pachín, De Felipe, Zoco, Sanchís, Pirri, Velázquez, Serena, Amancio, Grosso y Gento).

La Séptima: Real Madrid-Juventus (1-0; 20/5/1998). El fin de los peores años

Fue, sin duda, la época más oscura del Real Madrid en la Copa de Europa. Casi parecía que el reinado blanco en el continente iba a quedarse en aquella década maravillosa en la que ganaron seis Orejonas.

32 años estuvo el Madrid sin hacerse con una nueva Copa de Europa. Tanto que, para cuando ganaron la Séptima, la competición ya se llamaba UEFA Champions League. Tuvo su gran oportunidad en 1981, pero el Liverpool les superó en aquella final del Parque de los Príncipes. Ni la famosa Quinta del Buitre consiguió acabar con esta maldición.

Durante ese tiempo, los grandes equipos europeos aprovecharon la debacle del Real Madrid en el continente para ponerse las pilas e intentar acercarse a su palmarés. Los más exitosos, Milan y Liverpool. A punto estuvieron.

Un 20 de mayo de 1998 el Real Madrid volvía a una final de la Champions en el Ámsterdam Arena frente a la Juventus de Zidane y Del Piero. 17 años sin estar tan cerca de acariciar una nueva Orejona. Los de Heynckes salieron con Illgner, Panucci, Hierro, Sanchís, Roberto Carlos, Redondo, Karembeu, Seedorf, Raúl, Morientes y Mijatovic.

Siempre bajo la batuta del gran Fernando Redondo, Mijatovic se convertiría en el héroe del partido en el minuto 66. Un gol para la historia, un tanto que haría resoplar a todo el madridismo y olvidar los fantasmas que llevaban 32 años rondando Chamartín. También es cierto que todavía son muchos los que no se ponen de acuerdo en si Mijatovic marcó o no en fuera de juego.

La Octava: Real Madrid-Valencia (3-0; 24/5/2000). Primera final española

Un año después de caer eliminado en cuartos frente al Dynamo de Kiev, el Real Madrid se plantaba en otra final de Champions muy especial. Fue la primera que disputaron dos equipos españoles. El Madrid de Del Bosque venía de eliminar a Bayern de Múnich y Manchester United –en aquel partido Fernando Redondo firmó una de las jugadas más bellas de la historia del fútbol-; el Valencia, a la Lazio y al Barça.

Los blancos se convirtieron en dueños y señores de aquella final en el Stade de France y dejaron al Valencia sin posibilidades. Morientes de cabeza, McManaman, con una gran bolea y Raúl, dejando sentado a Cañizares y definiendo con una exquisitez tremenda, sentenciaron a los de Héctor Cúper, que un año más tarde volverían a perder una final de Champions -de manera cruel, en penaltis- frente al Bayern de Múnich.

Un jovencísimo Iker Casillas -había cumplido 19 años unos días antes- jugó como titular su primera final. Raúl sacaba su capote y el Real Madrid volvía, un año más, a sacar brillo a su corona.

La Novena: Real Madrid-Bayern Leverkusen (2-1; 15/05/2002). Poeta Zidane y salvador Casillas

Dos años después de la Octava, el Real Madrid volvía a llegar a una final de Champions, tras dejar por el camino a Bayern de Múnich y Barça. Los de Del Bosque partían como favoritos ante un novato -y más que digno- Leverkusen. Zinedine Zidane llegaba a su tercera final, la primera con el Madrid. Las que disputó con la Juventus (1997 y 1998) las perdió. No satisfecho con pensar que esa no se le iba a escapar, el francés se propuso ser protagonista. Y tanto que lo fue.

El Real Madrid comenzó marcando en el minuto 8 con una asistencia de Roberto Carlos a Raúl de saque de banda. Butt, portero alemán, pudo hacer mucho más. No obstante, Lúcio daba alas al Leverkusen empatando el partido poco después. Al filo del descanso fuimos testigos de uno de los goles más bellos de la historia, no solo de la Champions, sino del fútbol.

“Lo único que tuvo algo de criterio de esa jugada fue mi pase a Roberto Carlos”, dijo hace un tiempo Solari. Y tenía razón, porque, cuando el brasileño recibió el balón, centró de primeras al área casi sin ver quién estaba allí y lo de Zidane fue una ocurrencia digna de un auténtico genio. Solo en la frontal, en vez de bajar la pelota, soltó una volea con la izquierda que dejó boquiabiertos a todos los aficionados a este deporte y a sus compañeros. Golazo por la escuadra, imposible para Butt. Pura poesía, elegancia total. Supuso el 1-2 definitivo.

Y por si fuera poco, tenía que aparecer otro futbolista para redondear la noche. César, portero titular en aquella final, cayó lesionado y Casillas, que había perdido el puesto, entró en su sustitución. Para muchos el mejor portero de la historia por su agilidad, pero, sobre todo, por algo que hizo en aquella final: ganar partidos. Tres paradas en tres jugadas seguidas en el descuento.

Una noche para el recuerdo en Glasgow 42 años después de la quinta Copa de Europa.

La Décima: Real Madrid-Atlético de Madrid (4-1; 24/5/2014). Ramos al rescate

Doce años en blanco en Europa. La famosa “Maldición de Octavos”, la eliminación a manos del Barça, el penalti de Ramos frente al Bayern, la casi remontada ante el Dortmund… El Real Madrid vivió un auténtico tormento durante esos años.

El 24 de mayo de 2014 los de Ancelotti llegaban de nuevo a una final de Champions. Esta vez frente al Atleti, la primera vez que se cruzaban dos equipos de una misma ciudad en el último partido de la competición. El Real Madrid venía de hacer uno de los mejores partidos de su historia (0-4) ante el Bayern de Múnich de Guardiola en semifinales (el entrenador catalán todavía mantiene que fue la peor derrota de su carrera); el Atleti, de meterle tres al Chelsea en Stamford Bridge.

Una final, sin duda, a la altura de la competición. Los de Simeone se adelantaron en el minuto 36 con un cabezazo de Godín. Casillas, acostumbrado a salvar partidos, quedó muy señalado en ese gol. Salió mal y sería la antesala del mal Mundial de 2014 que hizo. Una pena que no pudiese disfrutar de más Orejonas durante los años en los que fue el mejor del mundo.

A partir del gol, el Real Madrid se volcó una y otra vez sobre la portería de Courtois sin premio alguno. Nadie defiende mejor que el Atleti, la auténtica resistencia. El partido de los rojiblancos estaba siendo -a su manera- perfecto. Toda España los veía ya campeones de Europa por primera vez en su historia. Todos menos Sergio Ramos.

Por suerte o por desgracia, el fútbol puede llegar a ser maravilloso para unos y cruel para otros en una única jugada. Minuto 93. El Real Madrid tenía la última del partido con un córner que bota Modric. Todavía se recuerda el gesto del “Cebolla” Rodríguez en el banquillo rojiblanco. No podía ni mirar la jugada. Por ello, seguramente no vio a Sergio Ramos tocar el cielo de Lisboa y marcar el gol que supondría el inicio de la segunda época dorada del Real Madrid en Europa.

Un cabezazo que valía la Décima, un tanto de esos que da casi pavor marcar por la importancia que tiene. A pesar de que, en realidad, llevaba al Madrid a la prórroga, fue, sin duda, el gol de la victoria. A partir de ahí, un Atleti totalmente desmoralizado y destrozado físicamente sucumbió a los de Ancelotti. Gareth Bale, el hombre de las finales, hizo el 2-1 (Xabi Alonso, sancionado, saltó al campo en traje para celebrarlo con sus compañeros); Marcelo campando a sus anchas el 3-1; y Cristiano, de penalti, de definitivo 4-1.

El portugués acabaría esa Champions con 17 tantos. Histórico.

La Undécima: Real Madrid-Atlético de Madrid (1(5)-1(3); 28/5/2016). Penaltis y la primera Champions de tres seguidas

Tras el “Moratazo” en el Santiago Bernabéu un año antes, el Real Madrid se daba cita en Milán junto al Atlético el 28 de mayo de 2016. Ya con Zidane en el banquillo como primer entrenador, los blancos buscaban seguir haciendo historia; el Atleti, olvidar Lisboa y conseguir su primera Orejona.

Lo cierto es que el camino blanco en aquella Champions estuvo lleno de altibajos. En octavos frente a la Roma dejaron mucho que desear, en cuartos Cristiano Ronaldo se vistió de héroe para remontar él solito el 2-0 del Wolfsburgo de la ida y en semifinales jugaron una pobre eliminatoria frente a un flojo Manchester City.

En cualquier caso, allí estaba el Madrid, una vez más en una final. En cuanto al partido, igualdad máxima. Los de Zidane con más oportunidades, pero ninguna excesivamente clara más allá del gol de Ramos en el minuto 15. El camero estaba en fuera de juego y el árbitro de la final, Clattenburg, acaba de reconocer que, efectivamente, erró al dar como válido el tanto.

Carrasco empató el partido en el minuto 79 a pase de Juanfran. Podría haberse convertido en el tanto de la remontada si Griezmann no hubiera fallado un penalti 20 minutos antes. Sea como fuere, el partido se iba a la prórroga, que se decantó algo más por el lado blanco.

No fue suficiente y llegó el momento más temido por los aficionados y equipos: los penaltis. Una vez más, el fútbol fue cruel con el Atleti. Lucas Vázquez, Marcelo, Bale -cojo-, Ramos y Cristiano anotaron para el Madrid. Juanfran fue el único que falló en el Atleti y acabó llorando desconsolado y pidiendo perdón a sus aficionados. Los seguidores rojiblancos, siempre fieles, le vitorearon y aplaudieron.

En el otro lado del campo, los de Zidane celebraban la Undécima. Sería la primera Champions de tres seguidas.

La Duodécima: Real Madrid-Juventus (4-1; 3/06/2017). Fútbol total

Segunda final consecutiva para el Real Madrid, que había dejado por el camino al Nápoles, Atlético de Madrid y Bayern de Múnich. La Juve era ya el único que se interponía entre los blancos y la Duodécima.

En aquel partido en Cardiff, la casa de Gareth Bale (que no fue titular por venir de lesión), el Madrid alcanzó uno de los mayores niveles de juego que se le recuerdan. Es cierto que la primera parte estuvo igualada y los jugadores se fueron al vestuario con el 1-1 en el marcador (Cristiano Ronaldo y Mandzukic). Pero la segunda mitad solo tuvo un dueño y señor.

La rapidez y contundencia en el juego de los de Zidane y los goles de Casemiro, de nuevo Cristiano y Asensio, empequeñecieron a una Juve que poco pudo hacer ante aquel despliegue de atletas. Ningún equipo es más egoísta -en el buen sentido- que el Real Madrid en su intento constante de ser mejor y de conseguir más.

El Madrid se convertía en el único equipo en la historia de la Champions -desde que se cambió el formato- en lograr dos títulos consecutivos y Zidane, en el primer entrenador en conseguirlo. Y faltaría una Orejona más…

La Decimotercera: Real Madrid-Liverpool. La “conmoción cerebral” de Karius y la chilena de Bale

La edición 2017/2018 fue, sin duda, una de las más exigentes del Real Madrid. Tras quedar segundo de grupo, el camino hacia la Decimotercera empezaba en París, frente al PSG, y continúo en Turín y en Múnich. El Madrid se quitó de encima a tres claros favoritos al título. Los cuartos frente a la Juve serán recordados por el golazo de Cristiano de chilena que hasta la propia afición transalpina aplaudió. Ese mismo verano el luso acabaría yéndose al equipo italiano.

Una vez más, los de Chamartín se plantaban en otra final. En el recuerdo quedaba aquella que el Liverpool les arrebató en 1981. Esta vez no iba a ser así.

El partido comenzó con contratiempos para ambos clubes. Carvajal y Salah tuvieron que abandonar el terreno de juego tocados. A Sergio Ramos lo querían literalmente matar en Egipto por “lesionar” a su estrella, que podía perderse el Mundial.

La primera mitad del encuentro terminó en tablas y en el minuto 51 se produjo una jugada, cuanto menos, surrealista. Karius atajó el balón y cuando fue a sacar, se lo regaló prácticamente a Benzema, que solo tuvo que estirarse un poco. Fue la primera de Karius en el partido y el Liverpool sostuvo después de la final que el portero alemán “no veía bien tras haber sufrido una pequeña conmoción cerebral“.

Lo que seguro que no vio bien fue la chilena de Bale en el minuto 64. Con 1-1 en el marcador, el galés -siempre cuestionado- entró en el campo y el primer balón que tocó lo convirtió en una obra de arte. Junto al de Zidane en 2002, seguramente, el mejor gol de la historia de las finales de Champions. Gareth decidió hacer de un centro de Marcelo que no iba a ningún sitio, una buena pelota. El estadio, el mundo entero, se caía, y Bale lo celebró con rabia.

El galés ya se había convertido en el héroe de la Decimotercera, pero quiso una vez más demostrar la “conmoción cerebral de Karius”. En el minuto 83 soltó un zapatazo desde 30 metros que el meta se comió. Era el 3-1 definitivo.

Único, irrepetible. El Real Madrid levantaba su tercera Champions consecutiva, la cuarta en cinco años, la decimotercera en sus vitrinas.

Historia por hacer.

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