Futpípol

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Ramos celebrando

Con los 45 minutos que se suspendieron de aquel Rayo-Albacete de Segunda División vuelve hoy el fútbol a España. O eso que parece ser fútbol, porque de fútbol tiene poco. Tres meses después habrá dos señores con guantes que podrán tocar el esférico con la mano; otros veinte darán patadas tanto a la pelota como a los rivales según toque; ganará el que consiga meter más veces el balón en la portería del adversario; y un tipo con un silbato servirá de excusa al que pierda. Incluso los partidos los pondrán por la tele. Pero hasta ahí. Porque lo de ahora no será fútbol.

El fútbol es un deporte social, el más social de todos, y por eso ha tenido la ascendencia que ha tenido. Con tal de arrancar la competición, para intentar sacarle el jugo a las televisiones, la patronal se ha inventado un algo a lo que se juega como al fútbol, pero que de fútbol no tiene nada. Porque el fútbol es con gente o no es. Y lo que hoy empieza no es fútbol, aunque nos lo adornen como tal. 

El fútbol es un abrazo sudoroso con un amigo, incluso con el desconocido que te pilla más a mano, cuando tu equipo marca. Es una cerveza en un bar con los compañeros mientras jaleamos a la tele como si aquello fuera un micrófono. Son los comentarios sarcásticos con tus vecinos de abono en el estadio cuando uno de los de tu equipo, “¡ay, otra vez nos la ha liado!, ¿pero éste no había nacido para jugar en el Madrí?”. Son las risotadas con el peluquero del Atleti recordando Lisboa y Milán. Es un viaje a un estadio en la otra punta de España, de Europa o del mundo, con la peña, dilapidando los ahorros del hoteltodoincluido de agosto porque, este año sí, este año vamos a ser los mejores y hay que apoyarles. 

El fútbol es agachar la cabeza en una barra cuando vas perdiendo: “ponme otro doble, Toñín”. Es llorar amargamente porque el objetivo de la temporada acaba de esfumarse por culpa de ese gol mientras un compañero trata de consolarte. Es llegar al trabajo el día después de perder y tener que aguantar la tabarra de todos los antis -porque los trabajos están repletos de anti-mi-equipo-, como si los jefes te los hubieran puesto alrededor a propósito para aislarte tras una imaginaria Línea Maginot sin saber que siempre tenemos una Bélgica por la que colarnos sin que nos alcance un tiro, que para eso somos del Madrí.

El fútbol es gente, es footpeoplefutpípol, un deporte donde hay millones de personas expresando sentimientos y opiniones, dentro de la legalidad. El fútbol suena a discografía de Los Pecos: es amor, es odio, es risa y es llanto, es abrazo feliz y es arrancarse el rizo por el enfado. Porque con mascarilla, con guantes, sin estadios, con bares de capacidad reducida con distancia social y con teletrabajo, no es fútbol. Con nosotros, con la gente, siempre lo fue.