A Messi no hay árbitro que le pare: Indignación por el pisotón a Yeray

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Leo Messi cumple hoy 33 años y para la mayoría sigue siendo el mejor futbolista del mundo, incluso para algunos, el más destacado de toda la historia. Su brutal talento técnico está fuera de toda duda, al igual que su eficacia goleadora. Es evidente que el Barça actual se sostiene porque tiene a Messi que, aunque comienza su recta final, sigue siendo un jugador completamente diferencial.

También está claro que los árbitros no le tratan como a otro jugador cualquiera. Cierto es que Messi nunca ha sido un jugador dura y que suele ser la diana de las entradas más duras de los equipos contrarios, pero no lo es menos el hecho de que al argentino se le perdonan todas. La estadística no miente: en 16 temporadas en el primer equipo del Barça ha visto 45 tarjetas amarillas, menos de 3 por campaña, la mayoría por protestar, y la única expulsión de su carrera la sufrió cuando aún jugaba en el filial culé.

Vienen todos estos comentarios a colación de sendos incidentes que ha protagonizado Messi en los dos últimos encuentros de la reanudada Liga Santander que ha disputado su equipo. En ambos el equipo no ha rayado a buena altura; perdió dos puntos en Sevilla que le otorgaron el liderato al Real Madrid y ayer, ante el Athletic, ganó de forma bastante lastimosa.

El enfrentamiento que tuvo en el Sánchez Pizjuán con el sevillista Diego Carlos bien podría haberle costado la expulsión. El central brasileño del equipo de Lopetegui exagera la acción, eso es evidente, pero Messi parece contar con esa patente de corso que le permite hacer lo que quiera sobre un campo de juego.

Pero lo más indignante ocurrió ayer en el Camp Nou. En un lance del juego normal, con disputa de balón, el argentino pisó la pierna izquierda del defensa del Athletic Yeray Álvarez, que se revolvió de dolor en el suelo. La respuesta del árbitro, en esta ocasión el extremeño Jesús Gil Manzano, fue la de siempre: falta y nada más. Lo mínimo que debería haber recibido el mejor jugador del mundo por esa entrada habría sido una tarjeta amarilla, aunque nadie se hubiera extrañado lo más mínimo si el color hubiera sido rojo. Bueno, sí. Habría extrañado que se la hubieran mostrado al intocable Messi.

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