Tal día como hoy, 8 de mayo, pero de 1982: el día que Gilles Villeneuve murió tras chocar a 225 km/hora

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A los aficionados más jóvenes a la Fórmula 1 les sonará el apellido Villeneuve, pero quizá su cabeza se vaya directamente a Jacques, el campeón de 1997. Sin embargo, hoy recordamos a su padre, Gilles Villeneuve, que falleció el 8 de mayo de 1982 después de sufrir un terrible accidente durante los entrenamientos del Gran Premio de Bélgica en el circuito de Zolder.

Así, el piloto canadiense nacido en Quebec en 1950 pasaba a formar parte de la luctuosa lista de automovilistas fallecidos en circuitos de todo el mundo, que comenzó con la trágica muerte de Chet Miller, en las 500 Millas de Indianápolis, edición de 1953, y que cuenta entre sus nombres con pilotos de la talla de Ayrton Senna, que murió en San Marino en la carrera de 1994.

Entre los años 1977 y 1982, Gilles Villeneuve participó en un total de 68 grandes premios, defendiendo tanto a Mc Laren como a Ferrari, logrando la victoria en 6 de ellos y consiguiendo subir al podio en 13 pruebas. No llegó a ser, como si lo sería su hijo muchos años después, campeón del Mundo, pero en 1979 se quedó muy cerca del triunfo al concluir en segunda posición, solo por detrás del francés Rene Arnoux, con el que mantuvo una rivalidad que ha pasado a la historia de la Fórmula 1.

Aquel 8 de mayo de 1982, Gilles Villeneuve luchaba por ser primero en los entrenamientos del Gran Premio de Bélgica. A bordo de uno de los míticos coches rojos de Ferrari, se había visto superado por Didier Pironi y, en busca de recuperar la pole position, se lanzó a tumba abierta. Cuando faltaban solo ocho minutos para la conclusión de la sesión, Villeneuve aceleró para intentar adelantar al alemán Jochen Mass, que se hizo a la derecha para dejar pasar al canadiense. Pero el piloto de Ferrari, en una extraña maniobra, optó por circular también por la derecha del circuito.

El choque, a 225 kilómetros por hora, fue espeluznante y el Ferrari salió despedido, primero con Villeneuve en su interior y, después, sin el piloto dentro del automóvil. Las heridas que sufrió fueron terribles y cuando los médicos llegaron a la altura del canadiense certificaron que no respiraba, aunque mantenía el pulso.

Se le ingresó en el hospital con un diagnóstico extremo de muerte cerebral y, justo cuando llegó su esposa al centro hospitalario, se decidió desconectar el respirador. Su fallecimiento se certificó a las 21:12 horas de aquel horroroso 8 de mayo. Su hijo Jacques, que acababa de cumplir 11 años, nunca jamás olvidará aquel momento, aunque, a su manera, pudo honrar el recuerdo de su padre cuando ganó el Mundial del 97.

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